martes, 25 de junio de 2013

Siempre el túnel tiene un final.

Dicen que nada es para siempre, que el ‘’eterno’’ no existe. Llegamos a un punto en el que, de agarrarnos tan fuerte, nos cansamos. Un ‘’todo maravilloso’’ que se quedó en un ‘’pss bien’’. Todo tiene un final y este es el nuestro. Lo que un día empieza, otro acaba. Duele, claro que duele… Duele que los besos se conviertan en peleas y los abrazos en insultos. Duele que todo haya dado un giro de 360º poco a poco, mientras no nos dábamos cuenta. Duele que haya malgastado ilusiones sin darme cuenta de que para ti he sido un capricho más. Que las risas se conviertan en lágrimas. Haber estado ciega demasiado tiempo, hasta que me cansé de seguirte el juego.
Dicen que las promesas se cumplen, no es este nuestro caso. Prometimos amarnos siempre como dos locos enamorados, prometimos no olvidarnos nunca. Promesas rotas, que llevan a corazones rotos. Que quizás se cumplan o que quizás pensemos que las cumplimos. No se trata de querer o no querer, si no de mirar por ti, por mi, por nosotros. Por algo verdadero que no fuimos capaces de verificar.
Prometí quererte siempre, es lo que se dice no? Lo sabes mejor que nadie ya que tus palabras quedaron en un vacío anterior que ya nadie recuerda tan solo yo. Yo que siempre fui la tonta, la que se percataba de las situaciones y de los errores míos y tuyos. La que siempre creía una eternidad a tu lado. Si tu rompiste tu promesa, tengo derecho a romper la mía. Orgullo? Puede. Seguramente. Vivimos en un mundo en el que nos haría falta hambre para comernos el puto orgullo que rompe vidas.
Nos tiramos desde un alto acantilado sin pensar en la fuerte caída que nos esperaba en un mar de dudas. Algunas que resolvimos y otras que nunca le encontraremos solución. Nos cansamos de esperar todo y que no llegara nada. No llegamos a hartarnos el uno del otro, sino a comenzar a ver la verdad y darnos cuenta de lo que ocurría. De que ya nada era igual que antes… Que las madrugadas se habían acabado hace mucho tiempo y que no éramos capaces de quedarnos dormidos con el móvil en la mano el uno por el otro. Ya nada nos importaba; solo el querer. Y hasta eso se fue oxidando. Llegó el fin. Tú por tu camino, yo por el mío. Unas vidas tan juntas y a la vez tan separadas. Encontraremos a alguien que sepa hacernos feliz a cada uno como no supimos nosotros dos.

Quizás si el destino quiere volvamos a revivir promesas que hoy quedan muertas, o pasemos por una locura de apenas minutos o no nos volvamos a ver jamás. Solo queda en manos del futuro. Ni tu ni yo sabemos nada, ahora solo toca disfrutar de lo que nos prohibimos tanto tiempo y seguir hacia delante con un nuevo presente.

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